lunes, 8 de diciembre de 2008

NO TENÍA MIEDO



Por:Fuguemann

El perfil.

Su campaña termino el mismo día que comenzó. Alejandro Zenón Fonseca Estrada mejor conocido como “El padrino Fonseca” era un tipo alegre, sonriente y con gran carisma, quienes lo conocieron no dudaron en hablar de su gran amor por su estado natal, Tabasco.

Jandro como lo llamaba su familia, conducía uno de los programas con mayor audiencia en sureste mexicano. Transmitido por el 88.5 de la cadena EXA FM Tabasco el programa de “El padrino” lo mismo era escuchado por niños y jóvenes que gente adulta. De corte juvenil y con horario de 5 a 8 de la mañana la emisión era acompañada de música pop y patrocinada por decenas de “socios corporativos” (anunciantes).

El Padrino Fonseca se caracterizaba por su gran sentido del humor y era aceptado por gran parte comunidad tabasqueña. “Grupo el padrino” es la empresa que había creado a su regreso del estado queretano, donde Alejandro estudio la carrera de Ciencias de la Comunicación y recibió el mote con el que todos lo conocían.
Mucho del éxito de “El padrino” se fue dando después de que Andrés Granier Melo el actual gobernador de Tabasco tomara posesión de su cargo. Alejandro era el encargado de animar las presentaciones de campaña del entonces candidato tabasqueño. Después Fonseca Estrada llamaba al gobernador “el químico” y lo apoyaba dentro sus transmisiones.

Al padrino le gustaba salir los sábados en su convertible rojo disfrazarse con una máscara de Santo el enmascarado de plata y gustaba de ayudar a la gente y tomarse fotos con los niños. En tres ocasiones él mismo capturó a ladrones de carteras que operaban en la zona centro de la entidad.
Era un tipo alegre, fiestero, lleno de amistades y con una posición social bastante cómoda.

La muerte.

Con la creciente ola de secuestros, muertes, y enfrentamientos entre grupos delictivos, el edén tabasqueño también fue salpicado por la violencia que recorre todo el país. Esta situación era algo que preocupaba al locutor. Aunque de tono más amable y ocurrente por el tipo de programa que conducía, “el padrino” expresaba su preocupación lo mismo entrevistando a un funcionario del gobierno del estado que a un radioescucha.

El pasado 23 de septiembre Alejandro Xenón Fonseca y grupo el padrino comenzaron la campaña “no tenemos miedo” que duro tan sólo unas horas. Como lo había anunciado por semanas “El padrino Fonseca” arrancó una acción conjunta con los habitantes de Villahermosa Tabs. Lo que pretendía era crear consciencia en varios de los sectores de la comunidad tabasqueña ante el miedo, el crimen y la corrupción que se vive en el estado.

“Tabasco está de pie y viviremos de pie”, “No al secuestro, al miedo, a la impunidad y a las mentiras”, “No queremos más leyes, queremos que se cumplan” son algunas de las frases que fueron escritas sobre las mantas que se colocaron ese día.

La cita se programó a las tres de la tarde, el calor acogía como casi siempre la ciudad del edén, el sol estaba en plenitud provocando el sudor de los presentes. En el cruce de Adolfo Ruiz Cortines y Paseo Tabasco, las dos principales avenidas de Villahermosa “el padrino” iniciaba con el apoyo de la gente su campaña.

Poco a poco la gente fue llegando, los que circulaban en sus automóviles apoyaban con el sonido de sus cláxones. Fonseca con la ayuda de su gente poco a poco fue colocando las mantas. Gracias una gran escalera cada mensaje era colgado de los postes que custodian este crucero.

Todo marchaba en orden con forme la tarde fue avanzando y la noche se hacía presente. Pero cuando “el padrino” colocaba una manta que decía “Dios es más grande que cualquier juez y cumple su palabra, doy gracias a Dios porque la batalla será dura y difícil pero él nos hará vencedores” todo cambio repentinamente.

Alrededor de las nueve de la noche, cuatro sujetos que transitaban en una camioneta Patriot de la marca Chrysler descendieron para amenazar al locutor “bájate de ahí” le gritó uno de los tipos, “el padrino” se negó, nuevamente lo amenazaron pero este volvió a negarse. Después uno de los delincuentes sacó una escuadra R-15 y disparó sobre la humanidad de Alejandro que de inmediato soltó la manta para caer gravemente herido.

Los tipos abordaron la camioneta y huyeron del lugar. “El padrino Fonseca” fue llevado a una clínica particular por su chofer. Ahí nada pudieron hacer, pues la bala que atravesó su estómago lo hirió de muerte.

La investigación.

Al día siguiente poco se habló del tema. La emisión de ese día no se transmitió y su programa desapareció para siempre.

Con la muerte del locutor de 33 años de edad nuevamente el país fue sorprendido, quién se atreve a alzar la voz en contra de la delincuencia será callado o al menos eso parece. Un locutor de un programa pop, un ama de casa, un estudiante o quien sea hoy en día ya no está seguro.

El pasado 23 de octubre fue capturada Nicole Aguilera alias “la chanchuflas” de 18 años edad, cuando perpetraban un robo. La joven al ser puesta a disposición de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Tabasco (PGJT) abriría una de las puertas a la investigación por el homicidio de Alejandro Zenón Fonseca, que, parecía estar atorada.

Según el informe de la Procuraduría, la chanchuflas pertenece a una de las células de los Zetas que operan en Tabasco y confesó haber visto el 23 de septiembre a “el padrino” colocando unas mantas en la ciudad de Villahermosa. Después de esto Nicole Aguilera dio aviso a “el pitufo” quien hasta el día de hoy es el supuesto responsable por el homicidio de Fonseca Estrada.

Ricardo López Ortiz alias “el pitufo” fue capturado el pasado 30 de octubre. López Ortiz según la (PGJT), pertenece al Cartel del golfo, y era el encargado de controlar a un grupo de sicarios de "Los Zetas", dedicados al secuestro, extorsión, narcotráfico y asesinatos en la zona del sureste mexicano.

A su detención le fueron asegurados 11 inmuebles que utilizaba este grupo como casas de seguridad, armas de uso exclusivo del ejército, uniformes de tipo militar, y narco mantas con mensajes dirigidos al presidente de la república Felipe Calderón, donde lo acusan de proteger al cartel del chapo Guzmán y el Mayo Zambada.

Con esto según la (PGJT) se dio un buen golpe estas organizaciones, pero así como en Tabasco, la gente del todo el país tiene miedo, temor a salir a la calle, a denunciar a alzar la voz cuando sufren delitos como el secuestro o la extorsión.
Alejandro Zenón Fonseca Estrada se atrevió y hoy descansa junto a los restos de su padre.

Por su parte la Familia de Alejandro familia, no quiere saber si en verdad son ellos los culpables, pues confían en las investigaciones. Lo único que desean es que se recuerde a Jandro, como lo que para ellos fue, un tipo comprometido con su gente que sólo deseaba un mejor Tabasco un mejor país.

MALAS NOTICIAS QUE VIAJAN RÁPIDO (MOURIÑO)



Por: Fuguemann

1, 2, 3, 4…
Dicen que las malas noticias llegan rápido, el Presidente Felipe Caderón debe saberlo bien. En la mayoría de las estaciones de radio y canales de televisión la noticia de que un Jet cayó sobre la Ciudad de México acaparó de inmediato la atención de millones de personas.

Los datos son inciertos y existen más preguntas que respuestas…
Los celulares sonaban por doquier y los flashes de las cámaras no pudieron iluminar tan sombrío escenario. Cientos de elementos de seguridad resguardaban la zona del impacto. Un Laer Jet 45, matrícula XC VMC, de la Secretaría de Gobernación cayó a unos cuantos metros del cruce que forman dos de las principales arterías de esta enorme ciudad.

Las avenidas Reforma y Periférico parecen zona de guerra, un “territorio comanche”. El ejército y la Policía Federal han acordonado el lugar y éste no parece más una lujosa zona de empresarios acaudalados y tiendas de élite mundial.
A medida que transcurre el tiempo las especulaciones crecen y el bullicio se esparce, lo mismo que el hedor de la tragedia. La noticia se confirma, a bordo de la aeronave viajaba el Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos, ex titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO)

10, 11, 12, 13,14, 15…

La velocidad en que hoy viaja la información es sorprendente. Al lugar han llegado decenas de medios de comunicación. Desde las pequeñas grabadoras de voz, hasta camionetas con tecnología Satelital han sido llevadas. Quien quiere la mejor noticia debe sufrir los empujones y ser lo bastante hábil para colarse por los cordones de protección.

Esto parece más un mercado que un accidente…
Las intermitencias azules, rojas y blancas se disparan por todos lados. Son las torretas de los vehículos que quieren abrirse paso, pero en el lugar no sólo hay policías, soldados, médicos y medios de comunicación, también hay curiosos que insistentes buscan saber que paso.

25, 26, 27, 28…

Cuanto más cerca del accidente, más penetrante ese olor que lo corroe todo. Sobre el suelo una densa capa de ceniza que se levanta a cada paso de los bomberos. El incendio ha sido sofocado, pero la pestilencia permea el lugar. Por lo menos quince vehículos se pueden ver calcinados, convertidos en deshechos, rescoldos del infortunio.

De los postes cuelgan cables de alta tensión que el Jet se llevo a su paso, algunos puestos se encuentran deshechos, y los edificios que son fieles testigos están bañados por las cenizas. Por el suelo se encuentran esparcidos los restos de la nave, los autos y todo lo que se encontraba en el lugar y fue arrasado la hora del impacto 6:40 pm.

39, 40, 41, 42…

Las personas siguen llegando, todos dicen tener influencias, pero pocos pueden pasar. Un helicóptero de la guardia presidencial rodea el lugar por todo lo alto, mientras las noticias siguen fluyendo.

El presidente Calderón dará un mensaje a la nación se escucha decir. Mientras al lugar llega el jefe de gobierno capitalino Marcelo Ebrard, escoltado por un gran dispositivo de seguridad. También lo hacen algunos diputados y senadores, los cuales sí pueden ingresar.

En México hasta para ver un accidente se necesitan palancas…

57, 58, 59, 60…

La noche está en plenitud y un gélido aire corre por el lugar. Del otro extremo de la calle Ferrocarril de Cuernavaca donde el encargado de la política interna del país Juan Camilo Mouriño ha perdido la vida, se encuentra la ciclo pista. Por lo menos cuarenta metros existen de distancia al lugar del impacto y también los estragos se hacen presentes.

Por el suelo restos de cuerpos humanos yacen sobre la cera. La imagen es impactante para muchos y morbosa para otros que apurados toman imágenes. La carne está al rojo vivo y se mira lo que parece ser una porción de una pierna. Los peritos comienzan a contabilizar el desastre.

Un poco más lejos varias vísceras igualmente están sobre la zona. Los camarógrafos pueden captar de mejor manera lo que ante sus lentes parece una masa roja. El zoom permite observar lo que es una parte del cerebro de alguien. Ver a través de la cámara agudiza la conmoción y reafirma lo que todos reflejan en sus rostros, la impresión que causa ver la muerte tan cercana.

76, 77, 78, 79…

El tiempo pasa, lo mismo la gente. En el lugar los elementos del grupo de granaderos comienzan las labores del desalojo, la masa de reporteros comienza a ser replegadas, muchos a disgusto gritan, otros simplemente evitan los escudos.
El peritaje de la zona devastada comienza, se siguen contando los restos y tomando muestras para el reconocimiento de los que fallecieron. El dato de que existen cuarenta personas heridas a parte de las nueve que viajaban en con el Lar Jet comienza a circular.

82, 83, 84, 85…

La euforia de horas antes se ha desvanecido, muchos de los reporteros comienzan a retirarse. Los soldados y policías siguen firmes. El frío es aun más severo y los peritos siguen contando.

Hasta donde se puede observar llevan ya 86 fragmentos de cuerpos hallados. Cuesta trabajo creerlo, pero los números que han ido colocando los peritos ante cada rescoldo humano, no mienten.
86…

Dicen que las malas noticias viajan rápido, hoy todo México lo sabe·

domingo, 31 de agosto de 2008

Blues de cañerías
















La noche está lluviosa, melancólica, llena de embriagues. Es una noche perfecta para acompañarse con blues, whisky y una mujer desnuda, ardiente y totalmente entregada. Pero en cambio ¿qué tienen ellos?, nada, absolutamente nada. Excepto ese olor putrefacto, y la "música de cañerías", esa que tocan las ratas y armonizan las cucarachas hundidas bajo la mierda de esta enorme ciudad.

Es la ciudad de México, esta inmensa urbe donde todo se puede, menos dormir. Allí están ellos, con su andrajosa imagen y sus calavéricos cuerpos, sedientos, drogados y sintiendo como los jugos gástricos carcomen lo poco que llevaban dentro.

Su hogar, si es que se puede llamar de esa forma, es una alcantarilla, justo debajo del puente que cruzan la av. Insurgentes y Montevideo. Un lugar insípido y sombrío, falto de toda luz, cualquier bocanada de aire mínimamente sano, es impensable.

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El Richard es el mayor de los chicos que comparten está inmunda morada. Su mirada extraviada refleja con esos enorme ojos, el desprecio que tiene con justicia por la vida, esa misma que le ha negado todo. Le negó una familia, una casa y una educación formal. Es un chico de 19 años que aparenta por lo menos 30. De cuerpo escuálido, ceja tupida y enorme sonrisa El Richard advierte

- Tengo que velar por mis chavos, la tira es gandalla y no falta el puerco que nos quiera chamaquear.

Y es que vivir en las calles es difícil, no sólo por que hay que lidiar con la policía, el hambre y la intemperie del clima, a eso debemos sumarle la indiferencia de la gente, que tal vez sea la peor de las bofetadas para ellos.

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La lluvia sigue cayendo con total frenesí y en la obscuridad del cielo se dibujan furiosos rayos que estremecen los pequeños cuerpos de estos niños, que parecen más valientes que los mismos hombres que circulan cobijados por sus autos en esta larga avenida.

A lo lejos van quedando aquellas luces rojas que se llevan los sueños de un lugar caliente y seco donde dormir. Allí en las coladeras, el agua comienza a estancarse, lo mismo la esperanza de estos chicos por tener una situación de vida mucho mejor.

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El rata es un niño, desgraciadamente el chemo no permite que se pueda comunicar con total entendimiento. Nadie sabe su edad y es que El Rata llegó como muchos, sin una historia, al menos no una que quiera recordar. Y como muchos se irá, por la nada, escribiendo una historia a diario, a cada paso.

Lo único que emula el penetrante olor de estas cañerías, es la estopa que cada uno trae consigo. La sujetan con fuerza, como si ésta fuera el único objeto que realmente tuviera valor en su vida. Y como negarlo si a ella es la única cosa que le tienen afecto.

-Ésta madre me hace olvidarme de las cosas, ¡ni hambre me da! - con dificultades dice El Rata.

Ahora después de un largo día aquellos ojos perdidos, de pupilas dilatadas comienzan a cerrarse y con ellos la noche también.

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El concierto de gotas y de la "música de cañerías" comienza a disminuir, las calles son como ríos que se llevan todo lo que ha queda sobre el pavimento, menos a ellos, los chicos que la viven y la sufren como nadie más.

La ciudad sigue despierta, aunque ahora parece hipnotizada por ese blues que nunca pudieron escuchar...

viernes, 25 de julio de 2008

¿?


Sentado frente a esta máquina me pregunto, ¿quién es más estúpido?
Yo por estar escribiendo algo a quien nadie le interesa,
O ellos por no darse la oportunidad de leer algo realmente bueno.

La verdad es que todos sabemos la respuesta…

jueves, 12 de junio de 2008

Luces de Cabaret



La ciudad ahogada en la noche, unas luces neón queriendo iluminarlo todo. Sobre la pista de baile unos tacones se deslizan al compás del Son y el Guaguancó que en lo alto del salón interpreta la Sonora.

Este Distrito Federal es la urbe que lo puede todo, pero nada lo hace. Enclavados en las calles del centro histórico y sus zonas aledañas, respiran y sudan múltiple centros nocturnos algunos de ellos conocidos como cabarets.


El escenario está bañado en rojo, por unos focos tan incandescentes como el ambiente mismo. De las paredes se descuelgan las historias que ahí se han vivido y que aún se pueden contar. Sobre las mesas las botellas de vino, y sobre el vino, sedientas gargantas.

Cabarets los hubo y los hay de muchos tipos, desde el Cabaret Voltaire, cuna de los Dadaístas, capital de vanguardia artística, hasta el Cabaret Burbuja mítico centro de baile en la colonia Doctores.

Ellas, las del escote pronunciado, las de la cadencia al bailar, las de piel firme y las que no, las de los muslos impetuosos, las que no tienen nombre. Ellas, sí, ellas son las que dan vida y alegría a este lugar.

Como todo en México el cabaret tomó un rostro propio, con características únicas, bien mexicanas. La vanguardia artística, y la sátira política ya no son más, porque cedieron su lugar a las luces de cristal y la orquesta tropical.

El calor se acrescenta a medida que ellas se desparraman por la pista. El sudor comienza a escurrirse, los cuerpos se contorsionan y me gustaría decir que el humo del cigarro igualmente danza por el aire y se puede respirar, pero una reforma a la ley de protección a la salud de los no fumadores me lo impide.

La música es por momentos ensordecedora, parece tallar con rabia los oídos. Las mujeres del lugar, a las que muchos nombran ficheras, esperan impacientes sobre una larga fila que luce como un gran escaparate. Las hay de muchos tipos, dicen por ahí que en gustos se rompen géneros.

Veinte pesos pueden no ser nada, o al contrario pueden ser mucho. Veinte pesos es la diferencia entre poder llevar comida a casa y quedarse esperando una oportunidad más. Veinte pesos bastan para poder bailar, veinte pesos cuesta soñar con ellas, veinte pesos valen unos cuantos minutos en que los que el baile se vuelve el único lenguaje.

El alcohol fluye, es sangre constante, es un río en el que navegan la lujuria y el deseo. El labial contrasta y enmarca esa piel morena. Laura mejor conocida como la flaca parece aburrida. Su mirada denota pasividad y una calma ligera que sólo regalan los años, mismos que le han enseñado a “lidiar con borrachos y calientes” como ella lo dice.

-Cuando una conoce la vida de noche es difícil sorprenderte de las cosas, acá se ve de todo, peleas, drogas, sexo, amor ,de todo lo que te imagines.

Cuando la flaca comenzó en esto, todo era diferente. Cuenta que los hombres vestían elegantes, con el calzado bien lustrado, tanto así que parecía brillar. Las camisas iban bien planchadas con largos cuellos y mancuernas. Los trajes estaban impecables y el cabello bien peinado, así hasta gusto le daba bailar.

-Hoy es diferente, viene de todo. Desde el clásico licenciado entacuchado, hasta los jóvenes más calientes (sonríe). Yo hago esto porque en verdad me gusta bailar y creo que es una buena forma de ganarse la vida honradamente. Llevo treinta años y espero cumplir otros treinta más.

Otra orquesta se monta al escenario, dos trompetas, un teclado, la guitarra, el bajo y las percusiones quieren sonar. El ritmo se acelera y la gente parece cada vez más suelta. Un tipo delgado, con el rostro plagado de una sonrisa, y bastantes canas, menea por completo su lánguida figura. Sus movimientos transmiten sabor y unas ganas de bailar enormes.


Cuando uno está ahí en el cabaret, el tiempo parece nunca transcurrir. La vida afuera se detiene y la energía que antes emanaba de las calles, avenidas, personas y maquinas se convierte en fiesta pura. La embriagues no es más que una constante, y aquellos veinte pesos ahora lo valen todo.

La flaca ha bailado muchas veces, lo hizo ayer, hoy y lo hará por treinta años más. Mientras halla música, una pista y esas luces neón queriendo iluminarlo todo, ella y ellas, seguirán deslizándose sobre sus tacones, se untaran el labial y dejaran que nosotros sigamos soñando con ellas.

viernes, 16 de mayo de 2008

El rescoldo de los cuerpos.



Por:Fuguemann

 

Cuando A despertó, no encontró más que el rescoldo de los cuerpos. Era una mañana fría, el poco aire que se respiraba en su habitación, se encontraba cargado de cierta pesadez, era denso,  poco más que la neblina que ese día cubrió la ciudad donde vivía.

 

Cuando abrió los ojos, miró sobre  su techo una figura lánguida que parecía escurrirse sobre el tirol casi inexistente, de esa humilde y asquerosa pocilga a la que ella llamaba hogar. A en primera instancia tuvo cierto desconcierto, mismo que desapareció cuando esta tuvo a bien estirar su cuerpo y retirar las legañas que nublaban su mirada.

 

Pensó que estaba loca, que la imagen observada no era otra cosa que un alucinamiento provocado por la borrachera del día anterior. Acompañado a esto le vino un incesante dolor de cabeza, un martilleo  doloroso que recrudecía todo lo que ante  que su vista  aparecía. Una copa rota, la botella de vino derramada sobre la alfombra y un estuche de maquillaje barato, eran los objetos más cercanos a su temblorosa humanidad.

 

Giró su cuerpo, buscaba ansiosamente algo que desvaneciera la chingada resaca. Deseaba un trago, otra cerveza o en el último de los casos un alka zeltzer, lo que fuera, con tal de enterrar tanto malestar. Nada, tal  y como en su vida se le concedió. Lo único que encontró al estirar su mano, fue un cigarrillo roto. Eso era mejor que nada, así que no dudo en encenderlo.

 

Mientras el fuego del cerillo encendía la colilla e iluminaba el rostro desganado de A, ella comenzaba a hilvanar las ideas, trataba de recuperar los recuerdos de la noche anterior. El esfuerzo provocaba nuevamente los embates de la cruda, pero eso no impidió recordar lo ocurrido.

 

A llegó a Barfly alrededor de las once de la noche. Vestía minifalda roja, tan diminuta que anunciaba la delicia de sus piernas, la fuerza de su juventud y la firmeza de su carne. Un escote que invitaba  a la lujuria y a las ensoñaciones  más oscuras  de todos y todas cuantos en el bar se encontraban.

 

Su caminar denotaba la cadencia de quien se sabe deseada, añorada. Llegó hasta la barra, allí encontró a un tipo alto, fornido, de cabellera larga, con  la ceja tupida y unos labios gruesos, como todas sus facciones. Lo saludó con un largo beso, sus lenguas se enredaron tan fuerte que sólo un suspiro de ella, logró separarlas.

 

 

A pidió lo de siempre, un escocés doble. Cuando lo sorbió sintió hasta las entrañas un ardor prolífico, una quemazón fructificante. Sabía de la nobleza que el whisky ofrece, la hizo suya y revivió su ánimo. El tipo bebió lo mismo, a una voz el líquido se esfumo del vaso. Su rostro se inmutó, sólo una mirada profunda, clavada sobre los frondosos pechos de A se hizo presente.

 

Ella, inmediatamente tradujo lo que esos ojos lujuriosos le solicitaban. Dueña incompletamente de si, entre la embriagues y el deseo, colocó su mano sobre el miembro de su acompañante. La fuerza que la sangre ejercía sobre el pene de este hombre se dejaba sentir inmediatamente.

 

Después de varios tragos, la insensatez  se hizo presente, ambos reían a carcajadas, platicaban de estupideces, incoherencias, absurdos, monotonías como las  que ofrece esta chingada vida de consumo desmedido. La noche tal como las botellas se fue consumiendo, eran pocas las almas que aún quedaban dentro de aquel lugar, frío, inhóspito e indescifrable.

 

Cuando salieron de Barfly, la ciudad que los anidaba, centelleaba majestuosa, como ninguna otra. Iluminados por la suntuosidad de la gran urbe, se trasladaron a gran velocidad por las avenidas, los semáforos fueron ignorados por el cadillac sesenta y ocho. Dentro del vehículo el tacómetro no sólo marcaba las revoluciones a las que circulaba el auto, sino que también  indicaba la rapidez de las pulsaciones de A y su acompañante.

 

Al llegar a la habitación los cuerpos de ambos estaban extasiados. Invadidos por  la adrenalina comenzaron a sudar, su agitación provocaba jadeos constantes, un ir y venir de exhalaciones e inhalaciones  tan profundas que invadían por completo las paredes del pequeño cuarto de A. Al diablo la botella, la copa, todo, lo único que importaba en ese momento era el placer.

 

Tal y como llegaron, con esa misma prontitud, se despojaron de sus ropas, el cuerpo de  A se presentó tal y como es, bello, ardiente, bien proporcionado, totalmente deseable. Como si un diseñador hubiera puesto todo el empeño en formarla de la mejor manera posible. Él por el contrario tenía un cuerpo amplio, su espalda estaba dotada de gran fuerza, sus piernas parecían tan sólidas como las del David.

 

Se besaban, se tocaban, se hacían el amor…

 

El embate de sus cuerpos sacaba chispas, irradiaba todo, dejaba en claro de donde provenían, de la raza de bronce. El sexo fue bestial, largo, placentero. Cuando su amante logró eyacular sobre ella, el sol  comenzaba su eterna aparición, la única ventana existente dejó colar unos cuantos rayos de luz.

 

A había perdido por completo el sentido. El alcohol, la vida, el sexo, todos sus excesos se hicieron presentes. Se desparramó por completo a los pies de aquel desconocido, de aquel amante perfecto, sin nombre, sin edad, sin historia para ella.

 

Cuando A despertó, no encontró más que el rescoldo de los cuerpos. Era una mañana fría, el poco aire que se respiraba en su habitación, se encontraba cargado de cierta pesadez, era denso,  poco más que la neblina que ese día cubrió la ciudad donde vivía…

 

                                                                                                                                 FIN.

miércoles, 5 de marzo de 2008

“La habitación secreta de F”



por: Fuguemann

 

Un olor fétido y putrefacto que lo llena todo. La sensación de vacío apoderándose de todas las sombras, de todos los libros, de todos los hombres. La presión sofocante que pernea el espíritu y envenena el alma. La misma habitación triste y cansada, habitada por un ser ausente y corroído.

 

Cuando F abré los ojos, siente que la cabeza le va a estallar, por su mente un ejercito de agujas desfila sin aflojar el paso. Lo primero que puede observar bajo la carente iluminación de su cuarto, es una botella de vino tinto, misma que ha sido consumida en su totalidad, y una cajetilla de cigarros delicados que no guarda otra cosa que la noche esfumada.

 

Con los ojos tan rojos como el fuego mismo, F intenta desesperadamente detener  el tormentoso punzar. Sacude su  cabeza, se despeja el rostro, pero nada de esto le es de gran ayuda.  Todo parece haber perdido el equilibrio, los ejemplares  que yacen regados en el suelo, las cientos de cuartillas con historias inconclusas, las colillas de cigarros y un viejo  y polvoriento tocadiscos en aquel rincón si luz.

 

Su mirada está nublada, entre tanta oscuridad se dificulta mirar a su alrededor. Entre las persianas unos cuantos destellos luminosos se asoman con disimulo. Las sábanas están removidas, de ellas un olor  que parece indescifrable se desprende y se mezcla con los hedores la habitación.

 

Aún se puede olfatear el aroma seco y penetrante de la marihuana, que se ha prendido de todo cuanto en el cuarto existe. Se respira sexo, alcohol, y una la lujuria apabullante. F estira su mano derecha, sólo para encontrar un buró cuyo contenido presenta otras historias, las que se han guardado en haluros de plata.

 

Encima del  mueble un cenicero, bajo él, un disco. En la portada del long play, una vaca inmensa  parece clavarte los ojos, como dagas, como la música que contiene, es el Atom heart mother de Pink Floyd. F a tientas descubre que no hay nada, que no encuentra lo que quiere, lo más preocupante para él, es que no sabe qué es lo que busca.

 

Su cama ocupa un buen espacio de la morada. Ese pequeño espacio del que se ha apropiado, esconde mucho más que un lugar para dormir. Sus paredes blancas,  manchadas de polvo y lágrimas encierran una vida atormentada, ensimismada por la infructuosa necesidad ser algo o alguien.

 

Cuando parece que el ejercito decide tomar descanso, F se incorpora sobre el colchón, y enciende la luz. Todo ha cambiado pero no tanto. La penumbra desaparece pero sigue sintiéndose lo mismo.  De frente F puede ver el mismo librero de siempre, ese donde los años no han pasado desapercibidos. Aún se pueden ver los libros que ha devorado, criticado y amado.

 

Borges, Cortazar, Bukowski, Bolaño, Blake, Tzara, Fante, Fuentes, Huxley, Buñuel, Ball, Oé, Nadal, Auster y cien hijos de puta más apilados y olvidados en la madera apolillada. F se ha puesto en pie, y estira su gran masa hasta donde su finitud corpórea se lo permite.

 

Da tres pasos, cuando los ejecuta, pasa sobre la ropa que está regada en el suelo, esas losetas  salpicadas por el vino y la cerveza de todos los días. F mira un pequeño reloj negro y redondo que cuelga de una de las austeras paredes. Sabe que es tarde y necesita salir de ese lugar que lo sofoca.

 

Ala derecha de todo, es decir, de la cama, de su buró y de ese asqueroso sofá, se halla un pequeño closet. Dentro de éste unos cuantos jeans sucios y desgastados, algunas playeras de hace varios años y un par de tenis que han dejado huella por los caminos de está monstruosa ciudad.

 

F no piensa en la combinación perfecta, sólo se desnuda y se monta en su pantalón, se pone su playera y el calzado. Parece urgido por escapar de su cuarto, de su casa y de su chingada vida existencial.

 

Cuando menos se esperaba, la habitación ha quedado nuevamente sola, con las historias inconclusas sobre el papel, los recuerdos impresos en los haluros de plata y los libros queriendo ser una vez más leídos…